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DÍA 5- LLEGADA A LETONIA DESDE TARTU

Como comentaba en el capítulo anterior el autobús de Lux Express de Tartu a Riga (17 €) fue de lo más cómodo con pantallas en los asientos, máquina de café, baño y hasta wifi, casi nada, tardando en recorrer algo menos de 4 horas los 250 kms que hay entre las dos ciudades.

Autobús a Riga de Lux Express

Autobús a Riga de Lux Express

Riga me recibió con algo de aguanieve y 1º de temperatura, sin tardar mucho en dar con el alojamiento Amber Rooms en la C/Miesnieku iela,10, bien situado en el centro y a 10 ó 15 minutos a pie de la estación de bus, aunque al igual que el albergue de Tallin no tiene ningún cartel exterior ni nada, sólo aparece en el timbre por lo que hay que ir atento. Allí se dio una de esas situaciones que te sorprenden en los viajes y que hizo que en menos de 10 minutos pasara de estar “tirado” en la calle a tomar un whisky con dos rusas y un uzbeko, y es que muchas veces los problemas se van arreglando solos :).

Habitación compartida de Amber Rooms

Habitación compartida de Amber Rooms

La cuestión es que no pude acceder al albergue al estar la recepción cerrada (no lo leí en internet) y dejaron en la puerta una nota para mi con un teléfono, pedí ayuda en un restaurante cercano y apareció Óscar, un camarero que con total amabilidad llamó y me facilitó la contraseña para entrar, agradeciéndoselo y prometiendo ir a comer algún día allí (es lo menos que podía hacer), coincidiendo en la cocina del albergue ya con el citado grupo que también amablemente me invitó, así que de manera natural, casual o mágica (cualquiera me vale ;)) todo se solucionó rápido y de inmejorable forma. En cuanto al alojamiento resultó ser un sitio muy tranquilo, limpio, con cocina común y desayuno incluido (cereales, galletas, leche, mermelada y pan disponibles las 24 horas), baño común (aunque en mi habitación de 6 camas había ducha) y wifi por el insuperable precio de 28,80 € para 4 noches (es lo que tiene la temporada baja como su propietaria me contó al día siguiente), realmente un sitio muy recomendable.

DÍA 6- RIGA PARTE 1ª: CASCO ANTIGUO Y ART NOUVEAU

Que mejor que empezar por la oficina de turismo (abre a las 10 en invierno) para planificar la visita a la capital de Letonia, país que a diferencia de lo que yo pensaba no tiene mucha cercanía cultural con Estonia. La ciudad cuenta con unos 700.000 habitantes (el país 2,2 millones) si bien los puntos principales de interés están recogidos en el centro junto al río Daugava y se puede ir a pie.

La Casa de los Cabezas Negras, icono de Riga

La Casa de los Cabezas Negras, icono de Riga

Una vez informado empecé por la propia plaza Rätslaukum que es donde estaba la oficina, junto a la famosa réplica de la Casa de los Cabezas Negras que fue destruida en la guerra y que era la sede de un gremio de mercaderes, la fachada es preciosa y merece la pena observarla al detalle, también en la plaza está la estatua del patrón de Riga, San Rolando, y el edificio del Ayuntamiento. De allí me fui por el paseo fluvial hasta llegar al Mercado Central, un conjunto de cinco hangares donde el trasiego de gente y mercancías es continuo, un lugar para curiosear y amoldarse a la vida local.

interior del mercado central

interior del mercado central

Volví a entrar en el casco histórico propiamente dicho, al otro lado de la calle Janvära Iela, recorriendo diferentes callejuelas como Kalëju y Märstaļu donde ya pude ver un anticipo del estilo arquitectónico art nouveau al que dedicaría la tarde, y es que en Riga, como máximo exponente del mismo, es obligatorio pasear mirando hacia arriba para percatarse de las múltiples fachadas adornadas que hay por toda la ciudad. Pasé junto a la Iglesia de San Pedro (9 € con el mirador, pero lo dejé para el día siguiente) y llegué a la enorme Catedral Luterana (3 € con claustro incluido) a la que sí accedí visitándola en relativamente poco tiempo, con su órgano, uno de los más grandes del mundo, como punto destacado. Después llegué hasta el castillo (la verdad es que no lo parecía), pasé junto a las casas de los 3 hermanos en los números 17,19 y 21 de la calle Mazā Pils Iela (cada una de un estilo y edad diferente) y crucé la puerta sueca para llegar a la pintoresca calle Torņa Iela que desemboca en la torre de la Pólvora, sede del gratuito Museo de la Guerra. Si se visita este museo ya no hace falta ir al de historia, sin embargo siendo sincero os diré que pasé de puntillas ya que el hambre se dejaba notar y no es difícil perderse, pues las explicaciones son en letón y hay que buscar entre los cajetines que hay en cada sala el panfleto en inglés, de todas formas con algo de paciencia al final uno sale con una comprensión suficiente de las numerosas invasiones y guerras que arrasaron esta tierra (en esto sí va de la mano con Estonia).

Lo bueno de lo recogido del centro es que el albergue lo tenía a 10 minutos andando como mucho, yendo allí a hacer el check-in oficialmente y a comer, como prometí, en el contiguo restaurante “Valtera” (C/Miesnieku Iela,8), donde Óscar trabajaba. En cuanto entré me reconoció y fue mi camarero durante la comida, pidiendo una exquisita ternera con puré y verduras, lo único que el precio se escapaba de mi presupuesto mochilero (26,50 € y me invitaron al postre), pero un día es un día ¡claro que sí! :).

Óscar, un tipo amable y dispuesto a ayudar

Óscar, un tipo amable y dispuesto a ayudar

Tras despedirme de mi nuevo amigo me dispuse ya a seguir la ruta del art nouveau, un peculiar estilo arquitectónico de finales del siglo XIX y principios del XX en el que, entre otras cosas, las fachadas se adornan con diferentes motivos como flores, máscaras o figuras mitológicas haciéndolas más llamativas y en Riga se desarrolló hasta tal punto que es la ciudad europea con más edificios de este estilo. Con la información de la guía y la oficina de turismo inicié la ruta en el centro con las mujeres con corona de hojas que pueden verse en el nº8 de la calle Smilšu Iela, después el nº2, el 10 de Šņu Iela, la casa de los gatos con sus inconfundibles felinos en el tejado (C/Meistaru Iela,10) y las enormes figuras que salen de la fachada de la embajada italiana (C/Teätra Iela,9), hasta aquí la primera parte de la ruta dentro del casco histórico (por lo tanto a no más de 10 minutos a pie del primero al último).

La casa de los Gatos

La casa de los Gatos

Para llegar a la segunda hay que andar unos 15-20 minutos pasando por el monumento a la independencia, el parque Bastejkalns (se cruza un canal) y la Iglesia de la Natividad alcanzando la calle Elizabetes Iela, donde hay dos estupendas fachadas en los números 10b y 33, una casi enfrente de la otra. La ruta acaba con el nº4a de Strĕlnieku Iela y los números 13, 4 y 2a de Alberta Iela, calle que también alberga el museo art nouveau (tendría que visitarlo al día siguiente pues estaba cerrado).

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Durante el recorrido empezó a nevar y ya no pararía durante mi estancia en el país, observando el arduo trabajo de los tractores quitanieves y sus cepillos para evitar la formación de hielo y por lo tanto que caminar por la ciudad no sea un deporte de riesgo, disfrutando también del manto blanco que sí quedó intacto en los parques.

Iluminación del puente ferroviario sobre el Daugava

Hacer constar que el ambiente de gente y turistas fue mucho mayor en Riga que en Tallin, dando la primera más sensación de ciudad. Puse el broche final a este magnífico día contemplando la iluminación de la Casa de los Cabezas Negras y del puente del ferrocarril sobre el río Daugava, tomando algo caliente tras ello con el centro histórico de Riga en la retina y con el descubrimiento del estilo art nouveau, del que soy ya, desde este día, seguidor incondicional.

DÍA 7- RIGA PARTE 2ª: PLAYA DE JÜRMALA Y MUSEOS

De entre las zonas periféricas de interés de la capital me decanté por la playa de Jürmala siguiendo el consejo de la guía (en la oficina de turismo me recomendaron el barrio de Mežaparks y su enorme parque, al norte del centro), para llegar hasta allí y dada la gran extensión de la misma fui desde la estación de tren de Riga a la de Majori (ya que queda cerca de la línea de costa) tardando 30 minutos en uno de los cómodos trenes letones (el billete costó 1,40 €, dejo aquí el enlace de la compañía y un mapa del transporte público).

Estación de tren de Riga

Estación de tren de Riga

Una vez allí y bajo los abundantes copos de nieve que estaban cayendo paseé por las calles principales de Jomas Iela y Jüras Iela (esta última más pegada al mar) curioseando entre las típicas casas del lugar, muchas de ellas de madera y algunas de estilo art nouveau. Para mi sorpresa la playa tenía un ambiente festivo estupendo gracias a una carrera popular que se estaba celebrando, había orquesta animando, puestos de comida y un speaker que lo daba todo, un incentivo para permanecer allí como un espectador más hasta hartarme, deambulando a continuación por el agradable y cercano parque Dzintaru, totalmente blanco al igual que la playa y con una estación de tren del mismo nombre al lado (desde la de Majori hasta la de Dzintaru hay 1,5 kms más o menos aunque andaría más distancia al callejear e ir por la costa).

Volví a Riga (mismo precio y dos minutos menos desde Dzintaru) con tiempo suficiente para subir al mirador de la Iglesia de San Pedro antes de comer (9 € como ya dije) y deleitarme con las inmejorables vistas panorámicas que ofrece de toda la ciudad y del casco histórico en particular desde sus 72 metros de altura (tiene ascensor), mereciendo la pena pese al brutal viento y frío que te congelaba hasta el “moquillo”.

El centro histórico desde el mirador de la Iglesia de San Pedro

El centro histórico desde el mirador de la Iglesia de San Pedro

Para recuperar fuerzas elegí el “Pelmeņi XL” (C/Kaļķu Iela,7), un típico local de mochileros y lugareños donde te sirves de entre una selección de lo que parecen ser raviolis de distintas cosas (queso, verdura…) y te cobran al peso, yo me llené un tazón de unos de queso con salsa de yogurt junto a un zumo y pagué la ridícula cantidad de 2,23 €, así que os resumiría la experiencia con esta frase: bueno, bonito y barato :).

Vista hacia el mercado central y puente ferroviario

Vista hacia el mercado central y puente ferroviario

Para la tarde dejé los dos museos en los que tenía más interés, empezando por el Museo de las Ocupaciones (gratis con donativo recomendado, horario de 11 a 17 horas), ubicado temporalmente en el nº7 de Raiņa Bulvāris (su lugar original junto a la plaza Rätslaukum estaba en obras), esto es al norte del parque Bastejkans y por lo tanto cerca igualmente del centro. Es muy fácil de seguir y está muy bien explicado también en inglés, constando de tres salas contiguas donde se exponen cronológicamente las invasiones sufridas durante el período de 1940 a 1991 por la URSS, los nazis y de nuevo los primeros, con historias más bien tristes como es lógico pero también de esperanza de un pueblo que ha sabido aguantar y sobreponerse a las adversidades.

Con sombrero de ricachón...

Con sombrero de ricachón…

...y gorra de currante

…y gorra de currante

Por último me acerqué al Museo Art Nouveau en la C/Alberta Iela,12, cuesta 3,50 € (de 10 a 18 horas) y no fue para nada como lo imaginaba, pues no se trata de la historia o surgimiento de este particular estilo sino que es una casa adinerada de la época (principios del siglo XX) con todo su mobiliario, fue curioso y divertido pues te podías hacer fotos con todo tipo de sombreros del momento para meterte más en el papel.

Escalera art nouveau en el museo

Escalera art nouveau en el museo

Sólo me quedaba ya regresar al albergue a descansar e intercambiar impresiones con su propietaria y el uzbeko que conocí el primer día, cenando en la franquicia “Wok to walk” (que al parecer existe también en España) por 7 €. Completaba así la visión de esta vibrante capital europea, que no pierde su esencia en los fríos meses invernales, con un espléndido sabor de boca.

DÍA 8- SIGULDA, PUERTA DE ENTRADA AL P.N.GAUJA

A las 7:54 estaba ya subido al tren en la estación de Riga saliendo puntual hacia Sigulda (2,35 € el billete), donde llegué a las 9, es decir algo más de 1 hora en recorrer unos 52 kms aproximadamente. Decidí ir muy temprano para aprovechar el día al máximo y porque el siguiente tren llegaba a las 11, así que es conveniente echar un vistazo a los horarios de ida y vuelta, que suelen estar disponibles en los albergues al ser una zona turística (como fue mi caso) o visibles en la propia estación.

Estación de tren de Sigulda

Estación de tren de Sigulda

El trayecto fue de lo más bonito, sobre todo conforme nos acercábamos a Sigulda, cruzando bosques de altísimos árboles y sin dejar de nevar intensamente en ningún momento (estaría así todo el día). Esta pequeña población de unos 18.000 habitantes es el inicio del famoso parque nacional de Gauja (y donde está la oficina del mismo), fundado en 1973 y con más de 900 km² de extensión repletos de frondosos pinos (sobre todo), ríos y algunos interesantes castillos. Yo me dedicaría a la propia Sigulda y la vecina Turaida (a 5 kms) realizando un par de rutas de senderismo como os voy a precisar. Por suerte la oficina de turismo de la estación de Sigulda abría a las 9 y pude informarme al detalle, comenzando mi visita, una vez recorrida la calle Raiņa Iela, por la pequeña iglesia de Sigulda (a la que fui invitado a pasar amablemente) y por los Castillos Nuevo y Medieval, uno al lado del otro.

Accedí a los blancos jardines del Castillo Nuevo del siglo XIX y rodeé el edificio ya que no se podía entrar (es un sanatorio) y seguí hasta el Medieval, que cuesta 1,42 € y atención ¡otra vez wifi gratis y en mitad de la nada como quien dice!, toda una sorpresa, lo más destacable fue la torre de observación desde la que se ve el valle con el río Gauja y en días despejados hasta Turaida (con la nevada no era el caso) y una zona de muralla en buen estado y visitable, todo ello con sus paneles explicativos en letón e inglés. Regresé a la calle principal y siguiendo la de Jāņa Poruka llegué en pocos minutos al teleférico que cruza el valle (cuesta 7 € la ida y 12 € i/v), coincidiendo en que salía uno, pues es a las horas en punto y algunas a y media (enlace del teleférico).

Teleférico sobre el valle del río Gauja

Teleférico sobre el valle del río Gauja

La panorámica es excelente si bien estaba nublado y nevando y no había mucha visibilidad, tardando unos 7 minutos en cruzar hasta Krimulda, al otro lado del valle. Tras echar un vistazo a la casa señorial y las ruinas del castillo de este pequeño pueblo comencé la ruta a Turaida, de unos 5 kms, bajando unas interminables escaleras de madera entre el bosque y recorriendo el sendero a través de un parque hasta llegar, casi a mitad de camino, a la cueva de Gütmana, lugar donde se desarrolla la leyenda de “la Rosa de Turaida” como se explica en un cartel. Continué cruzando la carretera hasta el centro de visitantes del parque Gauja y por el sendero que va junto al río hasta subir por otras largas escaleras de madera hasta el jardín de la colina de Daina, tan nevado que no era fácil distinguir las esculturas. Desde aquí hay buenas vistas del parcialmente reconstruido castillo de Turaida del siglo XIII, siendo el momento de visitar las torres que quedan en pie y el granero con su exposición en la que se habla de la importancia y poder que tuvo el arzobispado de Riga así como de la historia de la región (tanto el acceso al castillo como el museo son gratuitos).

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Terminaba así la ruta, en la que apenas me crucé con un par de grupos de turistas rusos, con la idea de regresar a Sigulda en bus, pero dado que no había muchos y me vi allí tirado en mitad de la fuerte nevada decidí volver a pie (otros 5 kms) para no enfriarme, con la única diferencia de que en vez del teleférico subí por otras escaleras de madera más largas aún que las dos anteriores (al respecto y para quien no quiera andar tanto puede intentar hacer la ida en bus desde la propia estación de Sigulda, pues allí se puede uno informar mejor de los horarios del autobús nº12 que va a Turaida).

Salida de la vereda a Painter`s Hill

Salida de la vereda a Painter`s Hill

En esta primera caminata empleé unas 3 horas más o menos y recorrí unos 10 kms a buen ritmo (sobre todo a la vuelta) pero también parándome a disfrutar de la nieve en sí y de los puntos de interés, haciendo constar que existen indicaciones suficientes como para no perderse. Ya en Sigulda me relajé y recobré fuerzas en un autoservicio donde me llené bien el plato por 7 €, quedándome ganas y tiempo suficientes para una segunda ruta de 5 kms hasta la Colina de los Artistas (Painter`s Hill o Paradise Hill, viene con los dos nombres), para lo cual seguí las calles Pils Iela, Lïvkalna Iela y Miera Iela hasta la salida a un parking donde se inicia el sendero a la colina a través del bosque. Durante el trayecto pude observar las casas típicas de la zona y hacerme una idea de la dureza de vivir aquí durante el invierno.

Vista desde la colina

Vista desde la colina

En cuanto a los senderos hasta el mirador son amplios y fáciles de seguir, pero dada la nieve que seguía cayendo y las escasas 2 ó 3 personas con las que me crucé decidí ir y volver por el mismo sitio para estar seguro de no perderme. El día hizo que las vistas no fueran espectaculares, pero los momentos de silencio rotos únicamente por el silbido del viento desplazando la nieve entre los árboles fueron inspiradores y relajantes, una gran experiencia sin duda. De regreso a la estación cogí el tren puntual (otros 2,35 € y hora y cuarto de camino) aprovechando para estirar las piernas (no en vano caminé más de 15 kms entre las dos rutas) y con nuevos momentos inolvidables grabados en la memoria. En Riga sólo me faltaba ya comprar algo de cena y el billete para el bus al aeropuerto para el día siguiente en un quiosco (1,15 €, si se compra al conductor son 2 €) metiéndome en la cama pronto, rendido desde luego pero más que satisfecho.

DÍA 9- DE VUELTA A CASA PREVIO PASEO POR VILNA

De nuevo me tocó madrugar para llegar con tiempo al aeropuerto de Riga, cogiendo el bus nº22 en la parada de la calle 11 de noviembre junto al puente Akmens Tilts (a 5 minutos del albergue) y tardando 25 minutos en llegar gracias a la ausencia de tráfico. Volé a la capital lituana en un pequeño pero cómodo avión de hélice de Air Baltic (recuerdo que costó 17,33 €) aterrizando en el sencillo aeropuerto de Vilna (Vilnius) en menos de 1 hora.

Volando a Lituania

Volando a Lituania

4 horas en Lituania

4 horas en Lituania

Animado por la cercanía de la terminal al centro de la ciudad y por las 4 horas de escala hasta el vuelo a Madrid esperé al bus nº2 (1 €) que me dejó en las estaciones de tren y bus en 20 minutos, guardando allí el equipaje en unas taquillas por otro euro, cogiendo un plano en la oficina de turismo y empezando una rápida vuelta por los principales lugares de la ciudad pero sin entretenerme, como la Puerta del Alba, Ayuntamiento, la animada plaza de la Catedral (restaurada en el siglo XVIII, entrada gratis) con el impresionante campanario de 57 metros de altura y el castillo de la colina Gediminas (gratis excepto el museo), al que tuve que subir a pie al no funcionar el funicular que hay, deteniéndome ante las vistas de la capital lituana para llevarme al menos una idea general de la misma.

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Regresé a las estaciones callejeando por la antigua ubicación durante la guerra del gueto judío de Vilnius y teniendo que coger un taxi (10 € y pésima conducción) viendo que ni los trenes (escasos) ni el bus nº2 al aeropuerto saldrían en media hora al menos. En total estuve algo más de dos horas en Lituania (quitando tiempos de embarque y demás), pasando de puntillas como veis pero con la idea de que si os encontráis en una situación similar (durante una escala) es posible ir al centro por cercanía principalmente.

Primer plano del Campanario con la Catedral de fondo

Primer plano del Campanario con la Catedral de fondo

Hacer constar que el autobús 3G pasaba con más frecuencia (desde el aeropuerto) y dejaba más cerca del centro que el 2, lo único que habría que buscar más concienzudamente las consignas por la terminal para dejar el equipaje (y que yo no encontré). Comí algo y con un ligero retraso salió el vuelo de Ryanair a Madrid (34,19 €) con una duración de casi 4 horas, llegando a la T1 del aeropuerto de Barajas con la sensación de haber aprovechado al máximo mi tiempo en estos pequeños países que han sabido amoldarse a cada tiempo y que hoy en día tienen mucho que ofrecer, animando a que el frío y la nieve no os detengan si se da el caso pues tienen un encanto muy particular en esta época como bien pude comprobar, ¡Aquí estoy por si en algo puedo ayudaros o queréis preguntarme! ¡Muchas gracias por leerme y un saludo viajero a tod@s!.

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