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DÍA 1- LLEGADA A LA CAPITAL ESTONIA

Tuve que viajar a Barcelona desde Castellón (en tren) para coger el avión de Air Baltic (como ya dije en la intro la ida costó 128,33 €) con destino a Riga (casi 4 horas de vuelo y hay que adelantar 1 el reloj) desde la terminal 1 del aeropuerto del Prat, realizar una breve escala y con un pequeño pero eficiente avión de hélice llegar hasta el aeropuerto de Tallin (otros 45 minutos más) sobre las 12 de la noche, eligiendo el taxi como medio de transporte para llegar al centro, pues a esa hora ya no había autobuses, si bien la corta distancia desde la terminal al centro (4 kms) hizo que sólo costara 7,35 €.

Avión de Air Baltic

Avión de Air Baltic

La experiencia con la compañía letona Air Baltic fue positiva, permitiendo hasta 8 kg de equipaje de mano ( por lo tanto sin facturar, cosa por la que hay que pagar como en todas las low cost) y mi primer contacto con la ciudad de Tallin fue el de encontrar menos nieve de la esperada y según el taxista una temperatura superior a la normal (-1º C), tardando un poco en localizar el Kohver Hostel en la calle Sauna nº 1 (en el centro histórico) ya que no lo ponen fácil, pues las indicaciones del albergue brillan por su ausencia y tuve que preguntar para dar con él, como veis en la foto apenas hay una pegatina en el portal.

Edificio del albergue

Edificio del albergue

Detalle del portal

Detalle del portal

La escalera me indicaba que se trataba de un edificio viejo, donde el albergue ocupa la 3ª planta, el personal fue muy amable sin duda explicándome todo, cuenta con wifi, baño, duchas (no dan toalla) y habitación compartida (de 6 camas) y una cocina básica con nevera, además un sencillo y justo desayuno con tostadas y cereales estaba incluido, le fallaba un poco la limpieza (mejorable) y el hecho de que para ir a las duchas tuviera que pasar a la puerta de enfrente (cruzando el descansillo), pero vamos que teniendo en cuenta que 4 noches me salieron por 36 € se puede decir que la relación calidad-precio es aceptable.

DÍA 2- TALLIN PARTE 1ª: EL CENTRO HISTÓRICO

Empecé la mañana desayunando y charlando con otros viajeros que ya se iban y me dieron algunas ideas, cosa que junto a que el día antes de venir Miriam me regaló la guía de Lonely Planet por sorpresa hizo que me decantara en ir por libre en vez de hacer uno de los típicos y recomendables tours gratuitos (que luego se deja propina) y que ya conozco de otras ciudades.

Catedral de S.Alejandro Nevsky

Catedral de S.Alejandro Nevsky

Las distancias entre los principales puntos de interés de Tallin no son grandes pese a que casi 1/3 de los 1,3 millones de habitantes que tiene el país viven aquí, por lo que pude hacer una interesante ruta a pie que inicié en la oficina de turismo frente a la iglesia-museo de San Nicolás (muy próxima al albergue), donde tienen todo tipo de mapas e información aprovechando para reservar allí mismo el “day trip” al parque nacional Lahemaa por 55 € y del que me extenderé en su día. Como es lógico febrero es temporada baja y los horarios de museos y atracciones se resienten, cerrando muchos de ellos el lunes, razón por la que no pude entrar a la iglesia de San Nicolás a ver la famosa obra “Danza macabra”, continuando hacia la zona alta de Toompea recorriendo una parte de la muralla con la fantástica torre de Kiek in de Kök (hay un museo pero no entré) y llegando a la catedral ortodoxa de San Alejandro Nevsky, a la que pude acceder (gratis) cuando se estaba celebrando un servicio, disfrutando en silencio de los cantos y atmósfera del lugar.

Justo enfrente está el Parlamento estonio y a la altura de la iglesia de la Cúpula (cerrada) llegué al primer mirador, orientado al noroeste hacia partes modernas de la ciudad, y después al segundo al final de la calle Rahukohtu, que mira al norte y ofrece las mejores vistas de la parte baja del centro histórico con el báltico de fondo. Finalmente hay un tercer mirador al inicio de la calle Kohtu hacia el este, que pese a tener buena vista mezclando parte del centro histórico con modernos edificios no iguala, en mi opinión, la del segundo.

Panorámica desde el segundo mirador

De allí bajé a las murallas en la zona del parque Schnelli y que se pueden visitar (1,5 €), aunque sinceramente no hay mucho que ver dentro y no está muy cuidado, por lo que la vista del conjunto desde abajo es más llamativa, avanzando después por la calle Gümnaasiumi hasta llegar a la torre-mirador de la iglesia de San Olaf (cierra en invierno) y al extremo norte de la muralla donde está la torre gorda de Santa Margarita, que hace honor a su nombre. Desde allí tenía a tiro de piedra la estructura soviética del Linnahall, construida para los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, la cual está abandonada, y pese a ser cierto que las vistas del puerto y el centro histórico son buenas (el recepcionista del albergue incidió en ello) yo diría que es un lugar prescindible.

Barrio de Rotermann

Barrio de Rotermann

Lo que me gustó más fue la antigua zona industrial de Rotermann, hoy en día reconvertida en zona de bares y restaurantes, donde comí una saludable hamburguesa vegetariana por 12 € en el “Platz”, un elegante e interesante lugar. Ciertamente entre el hecho de que fuera temporada baja o el frío (todo el día entre 0 y 2º C y nublado) hubo momentos en los que iba casi solo, apenas vi unos pocos turistas e incluso gente de allí en el casco antiguo, al menos en zonas más modernas y comerciales pude hacerme una idea del aspecto físico de los estonios.

Plaza del Ayuntamiento

Plaza del Ayuntamiento

Tras reponer fuerzas regresé al centro atravesando la zona comercial de Viru Keskus (con más ambiente), el parque Tammsaare y por último la puerta Viru para seguir transitando con calma y paciencia las adoquinadas calles de la parte histórica, pasando por la plaza del Ayuntamiento y su bonito edificio del siglo XIV, la iglesia del Espíritu Santo y su reloj y el museo de historia de Estonia que dejaría para el día siguiente. Me quedaba tiempo de luz suficiente para andar un poquito más por la calle Harju hasta la Plaza de la Libertad y detenerme a observar el ensayo de un homenaje frente a lo que sería un monumento a los caídos por parte de un grupo de militares, para regresar después al albergue a descansar un poco. Ya de tarde-noche decidí salir (el sol se puso a las 17:15 ) a ver la iluminación de la ciudad, sorprendiéndome para bien y consiguiendo bonitas fotos de buena parte de los monumentos, echando en falta un mejor alumbrado sólo en las murallas, así que sin duda recomiendo a quien visite la ciudad que no deje de pasear al ocaso.

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Ya de vuelta compré algo para cenar en el supermercado Rimi (que también está en Letonia) y satisfecho con lo vivido en las agradables calles medievales de la capital de Estonia, que no por casualidad son Patrimonio de la Humanidad, así como de comprobar (por lo menos en los centros comerciales) que la ciudad está habitada también en invierno 🙂 ;).

DÍA 3- TALLIN PARTE 2ª: PARQUE KADRIORG, PIRITA Y MUSEOS

Si bien en un día es posible visitar lo más importante de la ciudad con un segundo se puede uno detener ya en museos y salir del centro, que es justo lo que tenía pensado, para lo cual adquirí en un quiosco una tarjeta con el pase de un día para el transporte público (3 €+2 € por la tarjeta en teoría reembolsables aunque ni es fácil ni pude hacerlo), que se amortiza enseguida teniendo en cuenta que el billete sencillo cuesta 1 €.

Tranvía en Kadriorg

Tranvía en Kadriorg

La red de transporte público de Tallin es cómoda y está compuesta por tranvías, trolebuses y autobuses, sirviendo la tarjeta electrónica para los tres, lo único que hay que hacer es validarla en las máquinas de a bordo por cada viaje, aquí os dejo un enlace con el mapa. Salí temprano con bastante frío pero algo soleado y ya con la tarjeta cogí mi primer tranvía desde Viru a Kadriorg (Línea 3), parada que deja a la entrada del parque del mismo nombre, por donde pasee por sus jardines con un precioso estanque congelado que daban ganas de caminar sobre él (dado que la temperatura no era tan baja como debía me abstuve de hacerlo por si el hielo no estaba consolidado), pasé junto al palacio Kadriorg del siglo XVIII (actualmente es un museo de arte al que no entré), el palacio presidencial y el edificio modernista del museo de arte contemporáneo (KUMU), al que tampoco entré, pues definitivamente no es lo mío :D.

Estanque congelado

Estanque congelado

El parque se extiende bastante desde el museo a la costa y es un lugar ideal para hacer deporte o salir a pasear con perros, por lo menos así me crucé con varias personas, pues al igual que el día anterior entre la hora y la zona que era apenas había gente. Al llegar a la costa me topé con la curiosa y hermosa estampa de la nieve casi hasta la orilla y la arena semicongelada, mientras divisaba los ferries que van a Helsinki y Estocolmo principalmente entrar y salir del puerto, algo que desde luego no veo todos los días. Seguidamente busqué la parada de bus más cercana (Lauluväljak) y esperé para ir a Pirita en el bus nº38 (hay más líneas que hacen ese recorrido, está a unos 6 kms del centro), con la intención de visitar las ruinas del monasterio de Santa Brígida, justo al lado de la parada y de acceso gratuito, destruido durante la guerra de Livonia en el siglo XVI. El lugar impone por sus altos muros y el pequeño cementerio que hay dentro del recinto, dándole la nieve un toque invernal y especial (y eso que no había mucha), paseé con lentitud apreciando los detalles y como no, sin apenas compañía.

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Tras ello di un breve paseo por el puerto deportivo de Pirita (donde todos los barcos estaban hibernando) y un pinar contiguo y volví en bus (en esta ocasión el 34-A) hasta la parada de Maarjamägi (a medio camino del centro) que es donde se encuentra el colosal y no muy estético monumento soviético a las tropas caídas, que consiste en una basta explanada de hormigón y un enorme obelisco que además está justo al lado de un cementerio alemán, al menos las vistas desde el mismo a la bahía de Tallin son decentes, si bien el fuerte viento y la consiguiente sensación térmica la dificultaban y no invitaban a quedarse allí mucho tiempo.

Museo de las Ocupaciones

Museo de las Ocupaciones

Como había salido temprano tenía tiempo de visitar uno de los dos museos que tenía previsto antes de comer, y por suerte había un autobús que desde la parada de Maarjamägi me dejaba casi en la puerta, en la Plaza de la Libertad, era el nº5 y fue el primero en pasar, así que en unos minutos estaba entrando en el museo de las Ocupaciones (entrada 6 €, horario de 11-18 y de martes-domingo) y viendo su recogida y muy interesante exposición sobre las invasiones soviéticas (por dos veces) y nazi que dominaron el país de 1939 a 1991, contando además con largos vídeos explicativos y bien documentados en inglés.

Comida en "Clayhills"

Comida en “Clayhills”

Un poco antes de acabar la visita las tripas me estaban avisando ya y en cuanto salí no tardé mucho en dar con el que resultó ser un gran sitio, el gastropub “Clayhills”, en el nº13 de la calle Pikk (pleno centro histórico), donde las salchichas caseras de cerdo con manzana que pedí cumplieron con creces (por 14,30 €).

Con el estómago lleno era buen momento para explorar el museo de la Historia de Estonia, también en la calle Pikk (nº17, horario de 10-18 y cierra los miércoles en invierno, la entrada son 5 €), que fue una grata sorpresa gracias a la sencilla exposición “Espíritu de supervivencia, 11.000 años de historia estonia” que da respuesta a 11 preguntas, cada una de ellas separada de la anterior por unos paneles, que explica como los estonios han forjado y mantenido su identidad a pesar de haber sido invadidos una y otra vez durante siglos, ya fuera por suecos, daneses, rusos o alemanes…entre otros.

Exposición principal del Museo de Historia

Exposición principal del Museo de Historia

Con el día aprovechado ya dediqué el resto de la tarde a gestionar mi viaje de Estonia a Letonia del día 5 por Tartu (con la idea de visitar la ciudad), utilizando la línea 4 de tranvía desde Viru a Autobussijaam (estación de autobuses, está 2 kms al sureste del centro) para comprar en la taquilla de la compañía Lux Express el billete de Tartu a Riga por 17 € (uno más que en internet, donde no pude al no funcionar allí el móvil) y de allí a la de tren (Balti jaam, junto al casco histórico, con el tranvía nº2) pagando 11,50 € por un pasaje de 2ª clase de Tallin a Tartu (compañía Elron), acertando en no subirlo a 1ª clase pese a la insistencia de la vendedora como os contaré el día 5.

Estación de bus

Estación de bus

Zona comercial Viru Keskus

Zona comercial Viru Keskus

Acabé la intensa jornada tomando algo caliente en la zona comercial de Viru Keskus (con mucha más gente y ambiente) antes de comprar algo para cenar en el albergue y sin duda con una visión mucho más amplia de este pequeño país gracias a los lugares visitados.

DÍA 4- INOLVIDABLE EXCURSIÓN A LAHEMAA

El día amaneció soleado por lo que las expectativas de este tour de la compañía Traveller que reservé en la oficina de turismo aumentaban (también se puede online), cuesta 55 € más 13 € si se quiere comer donde recomiendan, sin duda se puede calificar de caro pero mereció la pena como enseguida os voy a narrar y la comida fue, en una palabra, espectacular.

Vista soleada desde Toompea

Vista soleada desde Toompea

Primero de todo y dado que salí con tiempo suficiente decidí subir de nuevo a los miradores de Toompea a disfrutar de las vistas despejadas del centro medieval, estando puntual a las 10 en la oficina de turismo (C/Kullassepa, 4 frente a la iglesia de San Nicolás), lugar de inicio de este tour de 9 horas de duración. Mis compañeros de viaje serían un grupo de 5 malayos y nuestra guía local, Lena, que enseguida nos explicó en un inglés muy entendible cómo iba a ser la excursión, pagando allí el tour pero no la comida (que sería directamente en el lugar). Tengo que decir que Lena fue una excelente guía en todo momento, siempre dispuesta a contestar preguntas y explicando todo lo que íbamos viendo con detalles y curiosidades incluidas.

La preciosa cascada de Jägala

La preciosa cascada de Jägala

Salimos de la ciudad por la carretera 1 (dirección Narva) con Lena al volante de la furgoneta Renault mientras observábamos los barrios de las afueras con más de un edificio de corte soviético, es decir, cuadrados, funcionales y algo feos, recorriendo unos 30kms hasta la 1ª de las 5 paradas que tendría el tour, la cascada de Jägala, todavía fuera del área del parque nacional. Bajamos hasta la orilla del río para verla de frente, se trata de la más grande del país y sin duda es un lugar de gran belleza, lo único que no hacía el frío suficiente como para que estuviera congelada, si bien alguna estalactita de hielo se podía observar, además nuestra guía nos explicó que el intenso color marrón del agua se debía a una planta que se encontraba río arriba.

Detalle a pie de cascada

Detalle a pie de cascada

Continuamos por la ctra.1 (una autovía en buen estado) escuchando una entretenida muestra de música folclórica estonia hasta el desvío a Loksa (ctra.85), que es justo donde empieza el que fuera el primer parque nacional de la Unión Soviética, declarado en 1971 y con 725 km² de extensión, el de Lahemaa. Justo al inicio de la ctra.85 está la zona pantanosa de Viru Bog, 2ª y mejor parada de la excursión, donde pasamos el resto de la mañana haciendo una ruta de senderismo a través de una zona boscosa con árboles enormes y lagos congelados a los lados, cruzando una pasarela de madera hasta llegar a una torre de observación con excelentes vistas panorámicas y continuando después hasta el otro extremo donde Lena (que nos acompañó hasta la torre) nos estaba esperando con la furgo, en total unos 3 kms.

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Entre el día soleado, la nieve, el hielo, las pasarelas y los árboles realmente disfruté de la caminata grabando en mi retina todo lo que me rodeaba, un sitio mágico e inolvidable, asimismo Lena nos dio multitud de explicaciones sobre fauna, flora (con abundancia de frutos rojos en primavera), lo que supone un “Bog” (zona pantanosa con sus peligros) y datos curiosos como que el aire de Estonia figura todos los años entre los tres más limpios del mundo.

Preciosa vista general desde la torre de observación de Viru Bog

Preciosa vista general desde la torre de observación de Viru Bog

Hacer constar que de Tallin al inicio del parque hay unos 55 kms, recorriendo otros 25 kms desde el Viru Bog hasta la 3ª parada en el Museo Marítimo de Käsmu cruzando frondosos bosques de pinos principalmente entre pequeñas carreteras heladas (eso sí la furgo llevaba neumáticos de invierno). El Museo es un pequeño edificio que hace las funciones de casa para la familia que lo lleva y es donde comeríamos, estando ya todo preparado cuando llegamos con una mesa impoluta y muy bien presentada en una sala con decoración acorde al tema marítimo.

Todo estuvo buenísimo, el salmón ahumado, las patatas de guarnición con salsa, el pastel de postre, miel de recolección propia… lo dicho, que merece mucho la pena. Entre animadas charlas disfrutamos la comida y la pagamos allí mismo a la simpática anfitriona de la casa, recorriendo las salas del pequeño museo después (fue una antigua escuela de marinos) acompañados de las concisas aclaraciones de nuestra guía y terminando con un paseo por los alrededores. 16 kms nos separaban de nuestra 4ª parada en el antiguo pueblo de pescadores de Altja, apenas habitado, donde descubrimos el “swing”, un columpio que supone una de las pocas oportunidades que los jóvenes de la zona tienen para socializar, también anduvimos por la orilla semicongelada del báltico hasta las antiguas cabañas de los pescadores consiguiendo bonitas fotos del atardecer sobre la bahía.

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La 5ª y última parada fue en la casa señorial de Sagadi, a 6 kms de Altja, ya cerrada pero de imponente aspecto exterior, la rodeamos y atravesamos sus jardines totalmente blancos antes de quedarnos paralizados con la imagen de las últimas luces del atardecer sobre un campo de nieve virgen, ¡qué gran broche final para un día espectacular!.

Luces crepusculares en Sagaldi

Luces crepusculares en Sagaldi

Ya cansados recorrimos los 85 kms de vuelta hasta Tallin llegando sobre las 19 horas como estaba previsto, despidiéndome allí de nuestra perfecta guía Lena y también de los malayos para ir a cenar un decepcionante crepe con mucha más masa que relleno por 5,80 € al famoso local “Kompressor” (C/Rataskaevu, 3). Tocaba ya descansar en el albergue y comentar el día con mis compis de habitación contándoles lo recomendable del tour a Lahemaa pese al precio, y es que lo vivido, como suelo decir, ya no me lo quita nadie.

DÍA 5- VISITA A TARTU DE CAMINO A LETONIA

Madrugué para llegar con tiempo de sobra a la estación de tren (10 minutos a pie como mucho) y coger un buen sitio en 2ª clase (no están numerados, recuerdo que costó 11,50 €), saliendo puntuales a las 8:13 de la mañana y tardando algo más de 2 horas en recorrer los 190 kms que separan ambas ciudades.

Próximo destino: Tartu

Próximo destino: Tartu

El tren es muy cómodo y está como nuevo, hay baño y para mi sorpresa ¡tenía wifi! Y es que el nivel de desarrollo tecnológico de Estonia es alto y hay wifi gratis casi por todos lados; por otra parte el paisaje que presentaba el país desde la ventanilla era mayoritariamente llano con ligeras ondulaciones, pasando extensas zonas boscosas y otras de cultivos (todas ellas nevadas) así como varias poblaciones con parada. Tartu me recibió con una temperatura de -8º C y nubes, teniendo que andar con el equipaje hasta la estación de bus (junto al centro) de donde por la tarde saldría a Riga (además no hay consignas en la de tren), allí dejé el equipaje en la oficina de “Cargobus” por 2 €. Esta es la segunda ciudad del país en importancia y tamaño (100.000 habitantes) y es famosa por su universidad que es la principal en Estonia y de las más antiguas de la zona.

Puente del Ángel

Puente del Ángel

Comencé la visita por la colina de Toome, a la que se accede pasando por debajo del Puente del Ángel (un poco más adelante está el del Diablo) y donde se encuentran diversos edificios que pertenecen a la universidad, siendo el más llamativo las ruinas de la catedral. De allí bajé con cuidado para no resbalar con el hielo a la calle Lai llegando hasta el río Emajõgi (antes pasé pero no entré por el jardín botánico) y recorriendo el paseo fluvial hasta el puente Kaarsild, justo enfrente de la plaza del Ayuntamiento o Raekoja Plats, con sus preciosos edificios como el propio del Ayuntamiento, el inclinado museo de Arte (no lo visité), el del nº5 con su relieve de la hoz y el martillo o la más famosa de las numerosas estatuas que hay por toda la ciudad, la de los estudiantes besándose bajo un paraguas. Continué el recorrido por la calle Ülikooli llegando al imponente edificio de la universidad, del siglo XIX, si bien la misma se fundó en 1632, pudiendo acceder al hall sin problemas.

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La siguiente parada fue la restaurada iglesia luterana de San Juan que posee un mirador que estaba abierto (2 € por persona), como no había muchos turistas (al igual que en Tallin) cuando comenté a la mujer que estaba en el acceso mi intención de subir tuvo que ir a buscar una llave enorme, me abrió la puerta, encendió la luz y me pidió que fuese encendiendo el resto de luces y las apagara todas y cerrara la puerta al bajar, como estar por casa vamos. Una vez arriba (son 135 escalones) las vistas son limitadas porque el campanario estaba cerrado y sólo se podía mirar por las ventanas.

La famosa estatua de los estudiantes besuqueándose

La famosa estatua de los estudiantes besuqueándose

Siguiendo las instrucciones de la anfitriona dejé todo como estaba y me marché dándole las gracias, reanudando la marcha por la céntrica calle Rüütli y entrando, con una mezcla al 50% de curiosidad y ganas de calentarme en el Museo Estonio del Deporte (entrada 2,80 €), pudiendo admirar parte de las medallas olímpicas conseguidas por este pequeño país (eran más de las que esperaba, la verdad), en fin un lugar muy específico, peculiar y llegado el momento, prescindible. Era el momento perfecto para recuperar fuerzas y así lo hice en la pizzería “La Dolce Vita” (C/Kompanii, 10) por 10 € y sin nada negativo que puntualizar. Para la tarde dejé el Museo de las Celdas de la KGB, un poco más alejado del centro en el sótano de un edificio entre las calles Peplieri y Riia, hay que estar atento pues apenas tiene una indicación en el portal.

Sala del impactante Museo de Celdas de la KGB

Sala del impactante Museo de Celdas de la KGB

La entrada fue de 4 € y la exposición está bastante bien con explicaciones en inglés también, visitando las minúsculas y lúgubres celdas donde los detenidos eran torturados para obtener confesiones, uno de esos sitios en los que no apetece hablar mucho y es difícil imaginarse lo que allí pasaba, además he de confesar que me llevé más de un susto con los efectos sonoros que tiene, como portazos por ejemplo. Tras ello me dirigí a la estación de autobuses (entrada en la C/Soola, junto al centro comercial Tasku) con tiempo para tomar algo caliente y recoger el equipaje antes de que el bus de Lux Express (comprado en la estación de Tallin por 17 €) procedente de San Petersburgo (Rusia) llegara a su hora. El viaje resultó ser mucho más cómodo de lo esperado, pues estos autobuses eran muy espaciosos, con pantallas en los asientos, baño, máquina de café y hasta wifi, definitivamente de los mejores que he visto en mi vida. Como ya había anochecido no pude ver mucho, llegando a Riga a las 21:20 tras algo menos de 4 horas de viaje…pero eso ya os lo dejo para el segundo capítulo de este viaje, Letonia.

Autobús a Riga de Lux Express

Autobús a Riga de Lux Express

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