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CRO, BiH Y SLO-1ª PARTE, DÍAS 1-8

Recorrido días 1-8

DÍA 1- 31/08/11 VUELO A TRIESTE Y POR CARRETERA A RIJEKA

Para este viaje salimos desde el aeropuerto de Manises (Valencia), por lo tanto nos pillaba cerca de casa, con rumbo a Trieste (Italia). El vuelo de Ryanair (115 € los dos y con una maleta facturada) duró un poquito más de dos horas llegando a las 21:30, algo tarde teniendo en cuenta que teníamos unos 90 km hasta Rijeka. Después de cenar a bordo de lo que llevábamos y nada más aterrizar nos dirigimos al mostrador de Hertz para recoger nuestro coche para los próximos 17 días, un Lancia Ypsilon.

Lancia Ypsilon

Lo reservamos en la web por 316 € con seguro básico, incluido Croacia, aunque no para Bosnia ni Montenegro, como nos daríamos cuenta después. Salimos tan pronto como pudimos dirección Trieste (el aeropuerto queda 30 kms al oeste, en Monfalcone) por la carretera costera, después buscamos las indicaciones de Eslovenia y Croacia y entramos al primero por Kozina, desde ahí 25 km por la ctra. 7 eslovena hasta la frontera con Croacia, donde nos sellan el pasaporte, requisito necesario hasta la futura entrada de Croacia en la UE, después continuamos dirección Rijeka por la ctra. 8 croata y a medianoche estábamos aparcando en el puerto de dicha ciudad, supuestamente cerca de la plaza (trg. En croata) Zabica, nº5 donde se encuentra el Aston hostel. Tras preguntar en inglés a unos policías y buscar damos con él, cuyo acceso está escondido en uno de los lados de la plaza, la verdad es que el sitio es justito, tipo alberge con baño y habitaciones comunes, pero más que suficiente para una noche. Una de las simpáticas propietarias nos abrió la verja y pudimos ya descansar. El alojamiento lo reservamos en hostelword y nos costó 31 € los dos (pagamos en euros).

DÍA 2- 01/09/11 DESDE RIJEKA HASTA ZADAR POR LA ISLA DE PAG

Tras levantarnos temprano y salir para ver un poco la zona de día, desayunamos y cambiamos algo de dinero en una casa de cambio a 1 €=7,35 Kunas croatas (KN ó HRK). Nos separaban de Zadar unos 240 km, uno de los días que más distancia recorreríamos, pero sin prisas, desde luego. El día era espectacular y las vistas desde la ctra. 8, pegada a la costa, más si cabe. La verdad es que apetecía meterse en el agua en cada rincón. Recorrimos el camino con tranquilidad y parando varias veces. Atravesamos diferentes pueblos hasta Prizna, donde cruzábamos a la isla de Pag en el ferry de Jadrolinija (la web se puede ver en inglés), compañía de la que dependen casi todas las comunicaciones marítimas croatas, que con tantas islas son de vital importancia. Nos costó 108 HRK=14,50 € (coche más dos personas), y en pocos minutos desembarcamos en Zigljen (Pag). El paisaje cambia radicalmente en esta isla, pues apenas tiene vegetación y todo es piedra y más piedra. Tiene forma alargada y al sur está comunicada con un puente, por lo que no es necesario coger otro barco. La carretera que la cruza es la 106. Al norte pasamos Novalja, que se está haciendo famosa por las fiestas de sus playas, tipo Ibiza. No estuvimos para comprobarlo y seguimos camino hasta Pag, donde comimos por menos de 134 HRK=18 € en el “Bistro Na Tale”, una típica “konoba” croata (restaurantes familiares), lugar que aparece en la guía y donde pudimos probar el famoso queso de Pag, que es fuertecillo.

Pueblo de Pag

Caminamos por el pueblo para bajar la comida y con un sol de justicia. Desde luego el pueblo es entrañable y bonito, a la vez que tranquilo y pequeño. Después pusimos rumbo a Kozino, un tranquilo pueblo situado 6 km al norte de Zadar, donde se encontraba nuestro alojamiento. Salimos de la isla por la ctra. 106, desde donde salen caminos secundarios a Zadar (otra opción es seguir hasta cruzarse con la ctra. 8 de la costa). Tras dar varias vueltas (puede ser fácil perderse por estos suburbios) por Kozino encontramos una oficina de turismo, donde nos dan una fotocopia de un mapa hecho a mano, con el que encontramos el Dolac Guesthouse en la calle Eni Belic, nº3. Teníamos el alojamiento reservado en hostelworld por 209 HRK=28 € los dos. Es una casa grande, cuyos propietarios, muy amables, nos contaron todo sobre la zona y enseñaron nuestra amplia habitación, con baño y cocina propios, por lo que estaba bien, además está en un entorno muy tranquilo y cerca de la costa. Tiene parking y wifi, que no iba muy bien la verdad. Todavía nos quedaba tiempo para ir a ver la puesta de sol a Zadar y visitarlo.

Saludo al sol en Zadar

Saludo al sol en Zadar

La ciudad de Zadar no es de las más visitadas de la costa croata, pero merece la pena hacerlo. Tiene unos 85.000 habitantes y un pasado agitado, como todo el país, fue romana, veneciana, húngara, austriaca… entre otros. Por desgracia también fue bombardeada y dañada en la II Guerra Mundial y en la de Yugoslavia.

Y la chancla se fue al agua

Su casco histórico está muy recogido en una pequeña península, es fácil encontrarlo y para aparcar, mejor en los alrededores, donde hay multitud de parkings a una media de 7 HRK=0,93 €  la hora. Pasear por el centro es agradable, destacan los restos romanos junto a la iglesia de San Donato, la catedral y dos obras modernas, el saludo al sol (un panel solar que al atardecer se ilumina y va cambiando de color) y el órgano del mar (unos orificios en el muelle que al entrar las olas emiten diferentes sonidos). Ver la puesta de sol desde aquí es una buena opción, pues están situados en un extremo de la península que da al mar y la panorámica es de foto. Tras el atardecer el saludo al sol empieza a iluminarse al igual que los demás monumentos, nosotros paseamos tranquilamente por la zona y cenamos en una hamburguesería antes de regresar a “casa” después de un largo día.

Iglesia de San Donato

DÍA 3- 02/09/11 MAÑANA DE PLAYA Y A SIBENIK PASANDO POR LA ISLA DE MURTER

Nos levantamos sin prisa, desayunamos de nuestras provisiones y no tuvimos más que bajar con el coche hasta la costa y recorrer un poco hasta encontrar un rincón de playa urbana en Diklo, otro suburbio pegado a Zadar, que nos gustó.

Playa urbana de Diklo

Playa urbana de Diklo

Allí dimos nuestras primeras brazadas en el adriático, que con el agua transparente y la calma que suele tener siempre invita al baño. Pasamos allí la mañana, fuimos a por comida al supermercado “Konzum”, que es uno de los más importantes de Croacia y tiene una sección de comidas preparadas que está bastante bien, y ya retomamos la ctra. 8 dirección Sibenik, de la que nos separaban 70 km.

Paisaje desde la isla de Murter

En el trayecto nos desviamos por la ctra. 59 a la isla de Murter, pequeña y tranquila, que está unida con un puente, paramos varias veces e incluso tomamos otro baño y una siesta en la animada playa urbana de Betina, haríamos unos 25 km extra por la isla antes de volver a la ctra. 8. Llegamos pronto a Sibenik, donde teníamos dos noches en el Hostal Indigo, lugar que encontramos en hostelworld a 232 HRK=31 € la noche los dos. Las habitaciones son para cuatro personas (dos literas) y baño común en el piso de arriba, está en la calle Jurja Barakovica, nº3, en pleno centro histórico de Sibenik, entre callejuelas de poco más de dos metros de ancho, no tiene parking pero sí wifi y está bastante limpio, aparte tiene buenas vistas desde la azotea y una mini-nevera en recepción a disposición de los clientes. El personal de recepción es muy amable y dispuesto a ayudar. Nos acomodamos y salimos a pasear por el puerto y el centro de Sibenik, muy cuidado y con varios edificios de interés como la catedral de Santiago, cenamos de nuestra despensa, volviendo al hostal a descansar tras hablar un poco con las dos belgas que teníamos como compañeras de habitación.

Vista nocturna de Sibenik

DÍA 4- 03/09/11 EXPLORANDO EL PARQUE NACIONAL DE KRKA

Hoy tocaba un día fuerte y una visita a un parque menos conocido que Plitvice (del que hablaré después) pero imprescindible. Las opciones para visitarlo son múltiples, con varios accesos y diferentes zonas, pues hablamos de una extensión importante (109 km²) siguiendo el curso del río Krka, con una variada fauna y flora y especialmente interesante por la cantidad de cascadas y saltos de agua que hay.

Cascada Skradinski Buk

Nuestra opción fue ir a Skradin, para coger el barco (incluido en la entrada i/v) hasta las cascadas de Skradinski Buk, donde el baño está permitido. Para ello salimos de Sibenik por la 8 hacia el norte (dirección Zadar) para coger el desvío de la ctra. 33, cruzar la autopista por debajo y tomar dirección Skradin en el cruce con la ctra. 56, en total unos 20 km.

Entrada con el mapa

En Skradin veréis varios parkings, nosotros nos metimos en uno de un restaurante, el “Visovac”, que era gratuito pero te hacían “prometer” que a la vuelta te tomarías algo. En la oficina del parque pagamos la entrada general de 95 HRK=12,70 € con barco incluido hasta las cascadas. Si accedéis por Lozovac (está antes de Skradin en la ctra. 56) cuesta igual con un autobús i/v hasta las cascadas. Yo recomendaría Skradin por el trayecto en barco por el río, que es muy agradable. El resto de accesos y las excursiones a Visovac (una isla con un monasterio), Roski Slap (cascadas) o Burnum (ruinas de un campamento militar romano) están más alejados y son más caras, a nosotros nos valía con Skradinski Buk, con el incentivo que sólo aquí permiten el baño. Si os interesa lo demás aquí tenéis el enlace de la página oficial en inglés (P.N. Krka).

Después del baño

Después del viaje en barco, que tienen unos horarios determinados y expuestos en Skradin, llegamos a las cascadas, que son simplemente espectaculares. Lo de nadar delante de semejante escenario es difícil de superar, dan ganas de no moverse de allí en días. Había menos gente de la que esperábamos (era domingo) y se podía nadar sin problemas. Comimos allí mismo de picnic con nuestras provisiones, aunque hay un par de sitios para comprar cosas, pero son caros. Luego tocaba una larga y bonita caminata de hora y media rodeando toda la cascada principal por un camino señalizado, atravesando pasarelas de madera sobre el agua y con unas vistas maravillosas, además se ven los restos de una planta hidroeléctrica de 1895 y un molino de agua. Cuando acabamos tuvimos tiempo de irnos otra vez al agua, antes de coger el barco de regreso a Skradin a las 17:30.

Vista general de la cascada

Ya de vuelta nos tomamos unos refrescos en el “Visovac” como prometimos y llegamos a Sibenik con tiempo de asearnos en el hostal y dar una vuelta por el animado puerto, que además estaba de celebración local, con puestos y música tradicional en directo. Cenamos en una pizzería económica del paseo y volvimos al hostal para descansar después de un día inolvidable.

DÍA 5- 04/09/11 DE SIBENIK A SPLIT CON VISITAS A PRIMOSTEN Y TROGIR

Abandonamos el hostal hacia las 10, desayunamos de lo nuestro y a la ctra. 8 (que recorre toda la costa hasta Dubrovnik), en esta ocasión nuestro destino era Split y la distancia desde Sibenik de 80 km, pero la intención como siempre era la de ir despacio y parando en cualquier lugar, además atravesaríamos Primosten y Trogir como puntos destacados. Después de 25 km llegamos al primer punto del día, Primosten, pequeña población que se asienta sobre un saliente unido a tierra, rodeado de playas por sus dos lados.

Vista general de Primosten

Al cruzar el pueblo hay varios parkings que oscilan entre 7-10 HRK=0,93-1,33 € la hora según su cercanía al centro histórico. Encontrar un aparcamiento fuera del parking no es fácil, al final nos quedamos en uno de 7 la hora. De cualquier forma el pueblo se ve en un santiamén y el acceso al centro está plagado de puestos con todo tipo de cosas. Hacer constar que las mejores fotos del pueblo (como vista general) se consiguen al salir por la ctra. 8 hacia Split, en unos claros que hay para parar. En un par de horas estábamos en marcha, el tiempo era bueno como de costumbre y recorrer la costa tranquilamente con las vistas que ofrece una maravilla. Paramos en una playa (de piedras, claro) cercana al pueblo de Marina, más o menos a mitad de camino, donde nadamos un rato y comimos lo comprado en Primosten. Continuamos hasta Trogir, población de 11.000 habitantes y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997, que bien merece una visita. El centro histórico, amurallado, está en una isla de 1 km² unida con dos puentes, al continente por un lado y a la isla de Ciovo por el otro.

Mercado en Trogir

En ese centro hay todo tipo de palacios, torres, iglesias y de diferentes estilos, gótico, renacentista o barroco que reflejan la historia de cambios de la ciudad. Además encontraréis un mercadillo y tiendas varias. Nosotros aparcamos en la zona residencial (a la izquierda de la ctra. 8) para no pagar parking, y después a pasear por el centro con un helado y disfrutar de las vistas. Desde aquí teníamos unos 30 km hasta Split, que recorrimos por calles pegadas a la costa para ver la zona de Kastela, pequeñas villas con un castillo cada una (son 7) aunque pequeños, pues a veces no se ven claramente. Paramos en una playa, ya por la tarde, donde nadamos con la vista de Split al fondo. Ya sólo quedaba entrar en Split y encontrar el “sobe” que habíamos reservado para dos noches en hostelbookers, llamado apartments Nina, por 351 HRK=47 € la noche los dos, eso sí, uno de los mejores sitios donde estuvimos (y el más caro), con parking, cocina y baño propio, wifi y muy amplio y recomendable. El sitio tiene dos apartamentos junto al de los propietarios y está a 20 minutos andando del centro de Split, para encontrarlo abandonamos la ctra. 8 en la salida al puerto, y la calle es la paralela a esta hacia el norte, llamada Matice Hrvatske, nº56. Mejor llevar mapa o GPS, no como nosotros, que dimos unas vueltecillas antes de dar con la dirección. Para acabar este día intenso hicimos la compra en un supermercado próximo y probamos la cocina para cenar en “casa”, después de que los anfitriones nos diesen un plano y explicaran cómo llegar a los mejores sitios.

Split desde la playa de Kastela

DÍA 6- 05/09/11 SPLIT EN UN DÍA

Pasamos la mañana en el apartamento esperando a que la intensa lluvia cesara y aprovechando para buscar en internet los alojamientos de los próximos días hasta Dubrovnik. La tormenta pasó y a las 12 salimos hacia el centro de la ciudad, tardando 20 minutos en llegar y el sol apareció de nuevo. Split (Spalato en italiano) es la segunda ciudad más grande de Croacia tras la capital con 220.000 habitantes, está encajada en una península rodeada de montañas.

Callejuelas en Split

Callejuelas en Split

De su pasado destaca su época romana y los legados que han quedado, como el espectacular palacio de Diocleciano (Patrimonio de la Humanidad), que rodea todo el centro (en un espacio de hasta 215×180 m en su zona más amplia), con palacios, como el de Júpiter, la catedral, ruinas de columnas y un sinfín de pintorescas callejuelas por las que da gusto pasear y perderse. Nosotros entramos al recinto por la puerta de Oro (la norte), tras frotar el dedo gordo del pie de la estatua del obispo croata Gregorio de Nin, que reluce ya que se dice que si se hace se volverá a Split. Luego vueltas y más vueltas por los callejones, llenos de tiendas, puestos, restaurantes, de todo (y muchas, muchas zapaterías) y disfrutar de un gran ambiente entre ruinas romanas. Entramos a visitar la catedral de San Dominius, de forma octogonal, por 10 HRK=1,33 €. Para comer compramos unos bocadillos y unas bebidas en el paseo marítimo, que está nada más salir del palacio por la puerta sur (la de Bronce).

Palacio Diocleciano

Palacio Diocleciano

Por la tarde descansamos en lugares con sombra del palacio, vimos los puestos de recuerdos de los sótanos de la puerta sur y escuchamos canciones de “kapla” en directo, grupos masculinos que cantan canciones tradicionales, que suenan bien. Paseamos por las calles que hay fuera del palacio al oeste, que están muy animadas, y nos fuimos al sur hasta la playa de Bacvice, una de las pocas de arena, donde los locales juegan al “picigin”, un deporte suyo que consiste en pasarse una pelota con la mano estando con el agua hasta las rodillas. Regresamos al centro por la estación de tren y el puerto, uno de los más importantes del adriático y punto de partida para visitar las famosas islas dálmatas.

Puesta de sol en el puerto

En el puerto disfrutamos de la puesta de sol, y esperamos a que anocheciera para volver a pasear por el palacio iluminado, una vuelta por el mercadillo que hay junto a la puerta este (la de plata), ver un poco el ambiente nocturno y regresar al apartamento a cenar y descansar para el día siguiente, con una grata impresión de la ciudad de Split. Por último comentar que aunque no llegamos a ir, se puede subir al monte Marjan (de 120 m de altura) para obtener una vista general de la ciudad. Según el plano está a unos 20 minutos andando al oeste del palacio de Diocleciano.

Lateral este del palacio

DÍA 7- 06/09/11 Y AL FINAL GANÓ LA ISLA DE BRAC

Dado que hay muchas islas, la mañana anterior, mientras llovía, teníamos que decidir que visitar al día siguiente, al final la cosa estaba entre las dos islas más grandes y famosas, Hvar y Brac, y nos decantamos por la segunda, menos turística que Hvar pero que cuenta a su vez con la playa más conocida, Zlatni rat. El alojamiento lo reservamos en Makarska, en el continente, por lo que la idea era visitar la isla en un día, entrando por el norte, en Supetar, y cogiendo el ferry de Sumartin (al este) a Makarska. Antes de nada contaros que salimos temprano de Split, cruzamos uno de los típicos barrios de la era yugoslava, que persisten en todas las ciudades y característicos porque son edificios iguales que suelen ser feos, aunque cumplen su función y repostamos a 7,85 HRK=1,05 € el litro de gasolina. A las 08:40 estábamos en la terminal de Jadrolinija para coger el ferry a Supetar que salía a las 9,  nos costó 226 HRK=30,20 € por dos personas y el coche. El trayecto duró unos 45 minutos, y la travesía fue agradable, pudiendo ver Split desde el mar. La isla de Brac apenas alcanza los 14.000 habitantes en total, aunque en verano aumenta notablemente, y además de por la playa de Zlatni Rat destaca por su piedra blanca, con la que se construyó el palacio de Diocleciano en Split.

Pueblo de camino a Milna

La isla es escarpada, por lo que la vida en ella no es sencilla, de hecho por el camino se ven multitud de montoncitos de piedra que los lugareños hacen para tener algo de terreno donde cultivar. Desembarcamos en Supetar y rodeamos el pueblo por la ctra. 113 y nada más salir tomamos el desvío a Sutivan por la ctra. 6159. Nuestro destino era Milna, un pueblo ubicado en un puerto natural a modo de ría, para tomar un baño por la zona, y fue todo un acierto, pues poca gente se acerca hasta aquí. Para llegar hay que continuar por la 6159 hasta Lozisca y tomar el desvío a Milna pasando por Bobovisca. Todos estos pueblecillos son bonitos y el camino en general. Rodeamos todo el puerto de Milna a paso de tortuga y paramos, luego continuamos hasta encontrar una “playa”, plataforma más bien, donde poder estar para tomar el sol y tirarnos al agua. Pasamos allí la mañana prácticamente solos, disfrutando del lugar y del tranquilo y cristalino Adriático.

Plataforma de baño en Milna

Con lo bien que estábamos se nos hizo un poco tarde y nos fuimos a Bol, al sur de la isla, para comer algo allí. Para ello regresamos a Lozisca y cogemos la 114 que pasa por Dracevica antes de unirse a la ctra. 113 casi en el centro de la isla. Se continúa por ahí hasta el desvío a Bol, que resultó ser una carretera que bordea el contorno sur de la isla, muy escarpado (al igual que el centro) y con vistas impresionantes tanto de Bol y Zlatni Rat como de la isla vecina de Hvar. Llegamos a Bol justo para comer, y lo hicimos en un sitio económico, aunque hay restaurantes de sobra por la zona. Justo después no pudimos resistirnos a bañarnos en las calas que hay junto al embarcadero, y a visitar la playa de Zlatni Rat, que es un saliente con playa de guijarros a ambos lados, donde suele soplar el viento y llenarse de windsurfistas. Posiblemente la más famosa de la costa croata. Hay un parking que cuesta 30 HRK=4 € para todo el día (lo pagamos aunque llegamos tarde) paseamos sin bañarnos, aquí sí que había más gente y decidimos poner rumbo a Sumartin, volviendo a la ctra. 113 y siguiéndola hasta el mismo puerto. El último ferry a Makarska salía a las 18:30, por lo que estuvimos puntuales, compramos los billetes por 226 HRK=30,20 € (igual que Split-Supetar) y embarcamos en un barco más pequeñito y con sólo una rampa (hay que entrar marcha atrás). En la isla recorrimos unos 80 km entre idas y vueltas.

Playa de Bol

Playa de Bol

El trayecto a Makarska, al atardecer, con la puesta de sol sobre la isla y las montañas del Biokovo (detrás de Makarska) al otro, espectacular. Antes de buscar el “sobe” nos dimos una vuelta por el paseo de Brela, 14 km al norte de Makarska por la ctra. 8, muy animado, y ya al alojamiento, que si se entra a Makarska viniendo de Split es fácil de encontrar, en las primeras calles que hay a la izquierda (calle Splitska, 65). Reservamos a través de hostelbookers por 216 HRK=28,80 € los dos en los “sobe” Radalj. El sitio tiene parking de sobra, wifi, una cocina muy básica, baño propio y buenas vistas a la montaña. El baño muy básico también y le faltaba algo de limpieza al apartamento, aunque aceptable. La propietaria le ponía muchas ganas pero era muy despistada, tuvo que venir hasta cuatro veces para acabar de darnos la información y tuvimos que molestar a unos vecinos para encontrar el lugar y a ella (amablemente la llamaron por teléfono). En resumen podríamos decir que en un día se puede ver la isla, dependiendo, lógicamente, del interés de cada uno, días y demás, desde luego carteles de “sobe” no faltan en las poblaciones principales de la isla para quien desee hacer noche.

Paseo marítimo de Brela

DÍA 8- 07/09/11 PLAYAS DE MAKARSKA Y TRASLADO A DUBROVNIK

Nos levantamos sin prisas, desayunamos y a la playa, para ello sólo tuvimos que bajar 1 km hasta ella, y buscar un sitio donde dejar el coche entre los pinos. Las calas de la rivera de Makarska son de piedra redonda, como casi todas, pero se está bien en ellas, hay diferentes atracciones acuáticas y están animadas.

Vista desde la habitación

El agua transparente y la presencia de la cordillera del Biokovo a menos de dos km de la playa hacen que el marco sea de postal. Y entre baños y sol pasó la mañana. La ciudad de Makarska no es grande pero tiene de todo, nosotros paramos en un supermercado a avituallarnos y comenzamos el traslado a Dubrovnik, unos 150 km siguiendo por la ctra. 8, que no decepciona, se pasan varios pueblos y se puede parar en una infinidad de calas (lo hicimos en una para comer). Se cruza el valle donde desemboca el río Neretva (a la altura de Ploce),  que viene de Bosnia, perdiendo la costa por unos kilómetros con un paisaje diferente. Luego hay que pasar la frontera con Bosnia y recorrer los 13 km que este país tiene de costa (pueblo de Neum) para volver a entrar a Croacia.

Playa de Makarska

En los pasos nos pidieron el pasaporte (no lo sellaron ni nada) y de vez en cuando paran a alguien para un reconocimiento más exhaustivo, por lo que vimos. Así continuamos hasta divisar el puente de Tudman que es la entrada a Dubrovnik. Nuestro alojamiento para las tres próximas noches estaba en el barrio de Lapad, para llegar nos desviamos por la primera salida y sólo tuvimos que rodear el puerto, que está en una bahía, y gracias al esquema que me había hecho del “google earth” llegamos bien. El Villa Jozefina está en la calle Bokeljska nº16, una casa grande donde los propietarios viven en una planta y en la otra hay algunas habitaciones para los huéspedes. Lo reservamos en hostelbookers. La habitación doble bastante bien, con una terraza y nevera propia, cocina común en el patio con su mesa y demás, el baño compartido, con una lavadora y limpieza mejorable pero decente. El wifi se pagaba aparte a 29 HRK=4 € el día. No había parking y la calle es estrecha aunque siempre había algún sitio. Los propietarios, como casi todos, muy amables. Uno de los hijos que hablaba inglés nos dio un plano y nos contó todo lo necesario, bus para llegar al centro, lugares para comprar comida, playas y algunos consejos que irán saliendo en el relato del día siguiente. El precio, 194 HRK=26 € la noche los dos, muy bueno. Ya sólo nos quedaba utilizar la cocina y pedirle a nuestro casero la clave del wifi antes de irnos a dormir, me atendió el abuelo que no hablaba mucho inglés, me hizo pasar a su casa y tras servirme un chupito empezamos a entendernos, al final le pagué tres euros y pico que llevaba suelto y ya tuvimos internet para nuestra estancia, así que se portó bien.

Acceso a Dubrovnik (puente Tudman)

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