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GRE-1, ATENAS Y CABO SUNION

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DÍA 1- TRASLADO A ATENAS

Para llegar a la capital griega tuvimos que combinar el tren de Castellón a Barcelona (31,40 € i/v por cabeza) y el mencionado vuelo de Vueling a 260 € cada uno más una maleta por 40 €, todo ello ida y vuelta. Eran casi las 2 de la madrugada cundo aterrizamos en el aeropuerto Eleftherios Venizelos de Atenas con dos opciones para ir al centro, el taxi (descartado por precio) y el autobús nocturno X-95 que va a la plaza Syntagma, tarda algo más de una hora y cuesta 5 € por adulto en la caseta que hay junto a la parada.

Esperando al avión

Esperando al avión

Como es lógico optamos por el bus, acertando a la hora de bajarnos en la parada del hospital Evangelismos (resultó ser la antepenúltima y la más cercana al hotel), y es que sin ánimo de mostrar mi faceta de “chulo madrileño” la orientación se me da bien (igual que otras muchas cosas no) y pude ir siguiendo el recorrido del bus en el plano, de hecho hubo algunos por ahí que viéndome confiado aprovecharon para preguntar 🙂 ;). Con todo y tras un breve paseo de la parada al alojamiento nos dieron las 4 cuando ya por fin estábamos acomodados en el Hotel Zappion (C/Ironda, 4), un lugar agradable, limpio, con baño propio, TV, aire acondicionado y wifi, bien situado a escasos metros del estadio Panateo y no más de 15 minutos a pie de la plaza Syntagma, el recepcionista encantador y el precio de la habitación doble por noche 54 € (pasamos 3)…y llegó el momento de dejarnos caer en los brazos de Morfeo… :D.

DÍA 2- MUSEO NACIONAL Y ATARDECER EN CABO SUNION

Aunque llegamos de madrugada diremos que el segundo día propiamente dicho comenzó al despertarnos, desayunar en un bar cercano y emprender la marcha al cercano y magnífico estadio Panateo, del siglo IV a.C. y restaurado a finales del XIX para albergar los primeros juegos olímpicos de la era moderna, que por desgracia ya no es gratis como lo fue en mi primera visita a Grecia -y primer viaje al extranjero- de fin de curso del instituto, circunstancia por la que junto a lo bien que se ve desde la valla resolviéramos innecesario pagar los 5 € que cuesta la entrada.

El estadio Panateo

El estadio Panateo

De allí pusimos rumbo a Syntagma pasando junto a la fachada del palacio Zappeio y atravesando los interesantes jardines nacionales, un verdadero oasis dentro de la ciudad con multitud de rincones donde parar a ver a la gente pasar, descansar o escuchar el canto de los pájaros. La Plaza Syntagma es el triste símbolo actual de la crisis griega por la cantidad de veces que ha salido últimamente en televisión entre manifestaciones y disturbios, si bien la encontramos -al igual que la ciudad en general- más limpia y aseada de lo esperado, no tuvimos problema alguno y llegamos justo a tiempo de curiosear entre la multitud en el cambio de guardia del Parlamento (cada hora en punto), ganándose los dos soldados el respeto de todos por cómo aguantaban impasibles con lo que apretaba el sol así como el continuo carrusel de gente haciéndose fotos con ellos.

Frente al Parlamento griego tras el cambio de guardia

Frente al Parlamento griego tras el cambio de guardia

Con acierto aprovechamos las horas en las que el calor aumentaba para visitar el Museo Arqueológico Nacional, utilizando el metro (enlace con el plano) desde Syntagma a Victoria cambiando de la línea 2 a la 1 en Omonia (1,20 € el billete). Una vez en Victoria apenas hay que andar 5 minutos hasta el Museo, cuya entrada cuesta 7 €.

Plaza Syntagma

Plaza Syntagma

Nos pasamos allí unas 3 horas buceando entre vasijas, joyas, vasos de vidrio o esculturas de la propia civilización griega, de sus antecesores, de los egipcios, de la Chipre antigua, todo un repaso a la brillante historia de la región que merece la pena hacerse pausadamente, aprendiendo de las múltiples explicaciones (en inglés y griego) que abundan por todo el Museo y sorprendiéndose por la precisión y perfección de muchas de sus obras, como por ejemplo los “kouros”, la máscara de Agamenón o la escultura donde Afrodita intenta sacudirle un zapatillazo al sátiro Pan por cansino, una escena de lo más cotidiana vaya :D. Con las tripas sonando regresamos a la parada de Victoria donde calmamos los estómagos con un par de empanadas de queso feta y jamón (8,40 € los dos) de un puesto sencillo, buscando a continuación la terminal de autobuses de Mavromateon (a medio camino entre el metro y el Museo Arqueológico) desde donde salen, entre otros, los autobuses al mítico cabo Sunion.

Pudimos coger el que salía a las 16:30 horas (uno cada hora a las y media, desde Sunion salen a en punto siendo el último a las 21:00 horas) de la compañía Ktel Attikis, por el que pagamos 6,90 € cada uno al responsable de la empresa que subió varias paradas después, tardando casi 2 horas en recorrer unos 70 kms por una preciosa carretera costera entre calas y zonas urbanas que componen la conocida como costa de Apolo.

La silueta más buscada en Cabo Sunion

La silueta más buscada en Cabo Sunion

El bus deja en el mismo acceso al espectacular Templo de Poseidón (o Neptuno, 4 € la entrada) que domina el cabo entre amplias panorámicas del mar Egeo, islas cercanas y la propia costa, es un lugar ideal para amantes de las puestas de sol como nosotros, así lo recordaba yo de mi primera visita muchos años atrás y no nos decepcionó, el marco para la foto no puede ser mejor, buscando la mayoría de la gente la perspectiva del sol ocultándose por las imponentes columnas del templo del dios del mar, un lugar especial sin duda. Regresamos en el último bus por el mismo precio -si bien tardó menos- bajando en la parada que hizo en la plaza Syntagma, desde la que anduvimos al hotel, notando el peso en la mochila de no haber dormido mucho pero sabedores de que habíamos exprimido todo el jugo posible a la jornada.

Atardecer de postal

Atardecer de postal

DÍA 3- LA ATENAS CLÁSICA

Con las pilas recargadas y tras un buen desayuno nos dirigimos directamente al plato fuerte del día, la histórica Acrópolis, a la que accedimos por la inusual y pequeña puerta norte donde nos hicimos con el ticket de 12 € que da derecho a visitar la propia Acrópolis, el teatro de Dionisos, el Ágora Antigua, el Romano, el Templo de Zeus y el yacimiento de Keramikos.

El Odeón de Herodes Ático

El Odeón de Herodes Ático

Fue un acierto llegar aquí temprano tanto porque el sol no está en todo su esplendor como por las inevitables hordas de turistas que aún no están en su máximo. La Acrópolis es el legado por excelencia de la época dorada de la ciudad allá por el siglo V a.C. bajo el mando de Pericles y desde luego un monumento que hay que visitar una vez en la vida. La entrada a la zona monumental está flanqueada por la puerta Beulé y el templo de Atenea Niké, accediendo al recinto en el que ya destaca, como no podía ser de otra manera, el Partenón, construido en su totalidad con mármol pantélico y en el que los progresivos trabajos de restauración ocasionan que se vea algún que otro andamio. El otro punto más importante del complejo es el Erecteión, famoso por las Cariátides, aquellas esculturas de mujeres que hacen de columnas que seguro todos tenéis en la cabeza.

El majestuoso Partenón

El majestuoso Partenón

Hago constar que en todos los monumentos hay carteles en inglés y griego que permiten profundizar en la función e historia de los mismos. Las vistas desde cualquier punto de la Acrópolis de la capital griega -donde residen casi 4 millones de personas de los algo menos de 11 que tiene el país- son espléndidas, advirtiéndose entre el mar de edificios modernos otras construcciones clásicas y sucesivas colinas. Bajando por la ladera sur pudimos ver el restaurado Odeón de Herodes Ático y el Teatro de Dionisos (incluido en el ticket), con un aforo considerable para la época, saliendo por la zona peatonal del gran paseo (calle Dionysiou Areopagitou) y bordeando la propia Acrópolis, la colina del Areópago y el recinto del Ágora Antigua.

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Estas ruinas (también incluidas en la entrada a la Acrópolis) no están tan bien conservadas, salvando el fantástico Templo de Hefesto, pero se pueden apreciar multitud de detalles de cómo era el verdadero centro social y político de Atenas, los restos de la estoa media, templos de Apolo o Ares, e incluso el rincón desde el que Sócrates predicaba su filosofía…todo es echarle imaginación y uno llega a emocionarse restaurando aquello mentalmente.

Templo de Hefesto

Templo de Hefesto

Cuenta también con un pequeño pero interesante museo en la estoa del Átalo donde se ubican muchas de las piezas de este yacimiento. De allí salimos al bullicioso barrio comercial de Monastiraki, con gente, mercadillos y tiendas por doquier, echando un breve vistazo desde el exterior a la Biblioteca de Adriano y accediendo (otro más de la entrada de 12 €) al Ágora Romana por la puerta de Atenea Archegetis, recinto éste de extensión mucho menor que la Antigua y con la propia puerta y la Torre de los Vientos como edificaciones notables. Tocaba llenar el buche y callejeando por el barrio encontramos uno de los restaurantes que llevábamos anotados, el “Platanos” (C/Diogenous, 4), donde la mousaka y la ensalada griega, bien acompañadas por la cerveza local Mythos hicieron el resto, todo estupendo (el precio: 15 € por barba).

Detalle de una columna corintia

Detalle de una columna corintia

En el "Platanos"

En el “Platanos”

Como sobremesa elegimos un lento paseo por el barrio de Plaka, previo vistazo a la Catedral ortodoxa, igualmente comercial y saturado de tiendas de recuerdos, ropa, joyas, en fin de todo, su máximo esplendor se muestra en la calle Adrianou. Y sin darnos cuenta aparecimos de nuevo en el acceso de la Acrópolis del gran paseo, justo enfrente de nuestra próxima parada, el Museo de la Acrópolis (5 € de entrada), un excelente edificio climatizado donde reposan las reliquias de la misma, como las Cariátides de verdad (las del Erecteión son copias) o la impresionante galería del Partenón que reproduce el friso mostrando las partes existentes (otras muchas están en Londres).

Un par de horas serían las que allí pasamos, retomando y acabando la visita a los monumentos clásicos en el gigantesco Templo de Zeus (incluido en el ticket) con columnas que llegan a los 17 metros de altura, un lugar imponente desde el que vimos al sol ocultarse tras la Acrópolis…hasta que llegó la hora del cierre (20 horas).

La Acrópolis desde el Templo de Zeus

La Acrópolis desde el Templo de Zeus

Para cenar regresamos a Monastiraki con la idea fija de probar un “gyros” o lo que es lo mismo la versión griega del kebab, encontrando un sencillo restaurante donde apenas nos gastamos 7 € entre los dos, emprendiendo después el camino de regreso al hotel por la calle Ermou hasta Syntagma y pasar de nuevo junto al Templo de Zeus para ver su iluminación nocturna.

Todos los puntos visitados están a poca distancia andando, si bien a lo largo del día fuimos sumando metros en nuestras piernas, la única pega fue no llegar hasta el yacimiento de Keramikos y eso que estaba incluido en la entrada a la Acrópolis, pero nos quedamos sin tiempo material para ello.

DÍA 4- DE EL PIREO A LA ISLA DE MIKONOS

Hubo que madrugar para llegar al mayor puerto comercial del Mediterráneo, El Pireo, muy bien conectado -de hecho está integrado en Atenas- con el centro de la ciudad, eligiendo la línea 3 de metro (de Evangelismos a Monastiraki) y trasbordo hasta Piraeus en la línea 1 (1,20 € el billete), lo que nos llevó algo más de media hora.

Dejando atrás el puerto de El Pireo

Dejando atrás el puerto de El Pireo

De los horarios disponibles elegimos el que salía a las 8:05 y llegaba a Mikonos a las 13:15 de la compañía Hellenic Seaways, comprando los billetes a 36 € por cabeza (además no aceptaban tarjeta y el precio era para viajar en cubierta, es decir, el más barato) en las taquillas principales de la propia empresa, junto a la estación de autobuses y cercana a la parada de metro. Sólo quedaba ya ir hasta el muelle de salida previsto teniendo en cuenta que El Pireo suma varios kilómetros de amarres y zonas de atraque divididos en función de las zonas de destino, razón por la cual existe un más que necesario autobús gratuito que va recorriendo el puerto con diversas paradas en las mencionadas zonas.

El Mar Egeo por la proa

El Mar Egeo por la proa

Por fin embarcamos y poco a poco fuimos alejándonos a bordo del “Nissos Rodos” dejando la bella capital griega a nuestras espaldas y con proa al azul intenso de las aguas del Egeo, y es que sin ninguna duda navegar debe ser parte indispensable de cualquier viaje que se precie a las islas griegas.

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